Las mujeres y su participación comunitaria durante la crisis por COVID-19, en el editorial del nuevo número de Comunidad

Las mujeres y su participación comunitaria durante la crisis por COVID-19, en el editorial del nuevo número de Comunidad

El nuevo número de la revista Comunidad (Julio-Octubre) lleva un interesantísimo editorial titulado Las mujeres y su participación en la situación de crisis generada por la COVID-19. Escrito por Rosana Peiró Pérez, de la Oficina Valenciana de Acción Comunitaria en Salud, analiza cómo , durante la pandemia, las mujeres fueron quienes mayoritariamente se encontraron en situaciones de vulnerabilidad por pertenecer a cuatro ámbitos concretos.

  • Trabajo sanitario y de servicios esenciales.
  • Trabajo doméstico y cuidado de personas dependientes, remunerado y no remunerado, formal e informal.
  • Mayor precariedad y pobreza laboral
  • El confinamiento también incrementó el riesgo de violencia de género y otros tipos de violencia.

La autora hace alusión en este texto las conclusiones de un cuestionario realizado por diversos ayuntamientos de la Comunidad Valenciana con el objetivo de conocer cómo se estaba trabajando para hacer frente a estas necesidades desde el entorno local.

Las conclusiones de estos trabajos indican que las mujeres fueron quienes más se implicaron en la ayudar a la comunidad:

“Quienes estuvieron trabajando tanto desde los ayuntamientos en las concejalías de salud o servicios sociales, como en los comercios locales, los cuidados y las asociaciones y quienes apoyaron de forma individual fueron mayoritariamente mujeres”.

En asociaciones contra la violencia de género trabajaron más mujeres; lo mismo que sucedió en asociaciones de padres y madres; asociaciones culturales o apoyo informal, como coser mascarillas y trajes protectores. También indica el editorial que “las mujeres son las principales proveedoras de cohesión social en términos de cuidados y formas de relación”. Y se hace alusión a la paradoja de género en la cohesión social:

“Gran parte del cuidado comunitario, además del cuidado familiar, y por tanto del ahorro del gasto público, se financia con el trabajo no pagado de las mujeres. Esto es, asumen los costes del cuidado de la vida aportando un «escudo» necesario para la prevención y protección social, pero no participan de los beneficios del bienestar social en la misma medida que el conjunto de la población”.

 

 

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