Qué es un Médico de Familia

Hace algunos años los médicos de familia norteamericanos iniciaron una campaña para dar a conocer la profesión. El lema escogido fue “El médico de familia, el especialista en usted”. La campaña tuvo mucho éxito porque transmitía dos ideas fundamentales.

Por un lado, el mensaje de que los médicos de familia trabajamos con personas con sus crisis, sufrimientos, miedos y expectativas, y en su entorno, con sus condicionantes familiares, laborales y sociales. El centro de nuestra práctica profesional es la persona. El verdadero médico de familia recoge la más noble tradición de la medicina de cabecera: “curar a veces, aliviar con frecuencia, consolar siempre”.

Por otro lado, la frase que enmarcaba la campaña ponía énfasis en la afirmación de que la medicina de familia es una especialidad. Efectivamente, en la mayoría de los países desarrollados esta disciplina se contempla como una especialidad, como lo puedan ser cardiología o cirugía. En nuestro país, tras los seis años de facultad, los médicos deben cursar la especialidad durante cuatro años por el sistema de médicos internos y residentes (MIR). Es una especialidad relativamente joven, pues se creó en 1978; pero en estos veinticinco años ha alcanzado un alto grado de desarrollo, de tal forma que la medicina de familia española se ha convertido en un referente a nivel internacional.

Dentro del perfil profesional del médico de familia, una de sus principales responsabilidades es atender a los problemas de salud de sus pacientes, ya se trate de enfermedades agudas o crónicas, con carácter normal o urgente, tanto en la consulta como en el domicilio. Igualmente, ante problemas más graves y cuando lo juzgue oportuno, el médico de familia debe coordinar la colaboración con otros especialistas. Para llevar a cabo esta función, el médico de familia posee una sólida formación científico técnica que le proporciona los conocimientos, habilidades y actitudes necesarios para llegar al diagnóstico y el tratamiento adecuados en cada caso. Pero, sobre todo, el médico de familia debe tener un enfoque biopsicosocial del proceso salud enfermedad, esto es, debe tener presente en todo momento las interrelaciones familiares, laborales y sociales de sus pacientes. Para el médico de familia no existen enfermedades sino enfermos. El médico de familia atesora unas cualidades humanas que le hacen digno de la confianza de sus pacientes, ya sea para solicitarle consejo en los cuidados de salud, como para recibir apoyo en el sufrimiento de la enfermedad.

Una de las peculiaridades del médico de familia que más le distinguen del resto de sus colegas es que atiende a la persona a lo largo de toda su vida y a todos los miembros de la familia. Esto le confiere una posición ideal para ayudar a sus pacientes, tanto por el conocimiento que tiene de ellos y su medio, como por la relación que se establece. Por ello puede tener una visión más integral e integrada de los problemas de salud de las personas que componen la unidad familiar.

Otro elemento característico de los médicos de familia es que no sólo atienden a la persona enferma sino que abordan actividades de promoción de la salud y prevención de la enfermedad. Así, mensajes como no fumar, beber con moderación, seguir una dieta sana o hacer ejercicio físico de forma regular forman parte del día a día de la consulta de un médico de familia. La educación para la salud se hace no sólo a nivel individual, sino también, a nivel comunitario (colegios, asociaciones, etc.).

Por último, los médicos de familia realizan una serie de actividades menos “visibles” para sus pacientes. Con objeto de mantenerse permanentemente actualizados, realizan labores de docencia e investigación (sesiones clínicas, cursos de formación, estudios de investigación, etc.).

En resumen, el médico de familia es un especialista que debe tener un bagaje científico y humano tan vasto como amplia y compleja es la naturaleza humana.

 


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